Monday, September 2, 2013

Soneto sin escrúpulos

Dice Platón que Sócrates sabía
solamente que no sabía nada.
Griego escrupuloso, de la negada
certeza hacía su sabiduría.
La gente que va al ágora estos días
a conversar al fin de la jornada,
mira el Mundial, comenta las jugadas,
habla de fútbol –no de filosofía–
y aplaude a un duro e inescrupuloso
cancerbero tenaz al que no cabe
reproche alguno por el vano acoso
sobre el presunto dueño de la llave
del gol. Papastathopoulos penoso:
un Sócrates que ignora que no sabe.

Soneto con reservas

Brecht, el de la gorra, y Ezra, el loco,
encarnan al poeta como artista
jugado. Uno era comunista
y el otro casi facho, que no es poco.
Pound puso a la usura como foco
del falaz desorden capitalista.
“El que asalta un banco es un punguista
comparado al fundador, que roba un toco”
dijo Bertolt. Le creo a la poesía,
aunque en terreno ajeno se inmiscuya.
Tengo reservas de la sabiduría
de los doctos augures que hacen bulla:
no están hablando de la economía,
están hablando de la econosuya
.

Soneto 2.

                                           Verde embeleso de la vida humana, 
                                            loca Esperanza, frenesí dorado, 
                                            sueño de los despiertos intrincado, 
                                            como de sueños, de tesoros, vana; 
                                                   alma del mundo, senectud lozana, 
                                            decrépito verdor imaginado; 
                                            el hoy de los dichosos esperado 
                                            y de los desdichados el mañana: 
                                                   sigan tu sombra en busca de tu día 
                                            los que, con verdes vidrios por anteojos, 
                                            todo lo ven pintado a su deseo; 
                                                   que yo, más cuerda en la fortuna mía, 
                                            tengo en entrambas manos ambos ojos 
                                            y solamente lo que toco veo. 

Procura desmentir los elogios que a un retrato de la Poetisa inscribió la verdad, que llama pasión.

                                          Este, que ves, engaño colorido, 
                                          que del arte ostentando los primores, 
                                           con falsos silogismos de colores 
                                           es cauteloso engaño del sentido; 
                                                  éste, en quien la lisonja ha pretendido 
                                           excusar de los años los horrores, 
                                           y venciendo del tiempo los rigores 
                                           triunfar de la vejez y del olvido, 
                                                  es un vano artificio del cuidado, 
                                           es una flor al viento delicada, 
                                           es un resguardo inútil para el hado: 
                                                  es una necia diligencia errada, 
                                           es un afán caduco y, bien mirado, 
                                           es cadáver, es polvo, es sombra, es nada. 

Sunday, September 1, 2013

Romance de la luna luna

Romance de la luna, luna

La luna vino a la fragua
con su polizón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
Huye, luna, luna, luna,
que ya siento los caballos.
Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

¡Cómo canta la zumaya,
ay, cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.

Preciosa y el aire.

PRECIOSA Y EL AIRE
A Dámaso Alonso
Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene
por un anfibio sendero
de cristales y laureles.
El silencio sin estrellas,
huyendo del sonsonete,
cae donde el mar bate y canta
su noche llena de peces.
En los picos de la sierra
los carabineros duermen
guardando las blancas torres
donde viven los ingleses.
Y los gitanos del agua
levantan por distraerse
glorietas de caracolas
y ramas de pino verde.

Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene.
Al verla se ha levantado
el viento que nunca duerme.
San Cristobalón desnudo,
lleno de lenguas celestes,
mira a la niña tocando
una dulce gaita ausente.
-Niña, deja que levante
tu vestido para verte.
Abre en mis dedos antiguos
la rosa azul de tu vientre.

Preciosa tira el panadero
y corre sin detenerse.
El viento-hombrón la persigue
con una espada caliente.

Frunce su rumor el mar.
Los olivos palidecen.
Cantan las flautas de umbría
y el liso gong de nieve.

¡Preciosa, corre, Preciosa,
que te coge el viento verde!
¡Preciosa, corre, Preciosa!
¡Miralo por dónde viene!
Sátiro de estrellas bajas
con sus lenguas relucientes.

Preciosa, llena de miedo,
entra en la casa que tiene,
mas arriba de los pinos,
el consul de los ingleses.

Asustados por los gritos
tres carabineros vienen,
sus negras capas ceñidas
y los gorros en las sienes.

El inglés da a la gitana
un vaso de tibia leche,
y una copa de ginebra
que Preciosa no se bebe.

Y mientras cuenta, llorando,
su aventura a aquella gente,
en las tejas de pizarra
el viento furioso muerde.